Un refugio en el corazón de Sarrión
Una casa recuperada con respeto, diseñada para descansar, disfrutar y conectar con la esencia de la sierra de Javalambre.
Tu casa en Sarrión
Casa Martín es una vivienda tradicional completamente restaurada, donde cada espacio ha sido diseñado con calma y sensibilidad: materiales naturales, tonos suaves y detalles que cuentan su historia.
Aquí encontrarás estancias amplias y funcionales, pero también rincones con alma. Un lugar donde descansar, cocinar, compartir y simplemente estar.
- Posibilidad de juntar los dos apartamentos en uno solo
- Self check-in
- Wifi y calefacción
- Equipamiento para familias (cuna, trona…)
Nuestra filosofía
En Casa Martín creemos en un modo de viajar más tranquilo, más auténtico y más consciente.
Hemos rehabilitado una casa tradicional respetando su alma y su historia, cuidando cada detalle para que hoy puedas vivirla de una forma cómoda, luminosa y actual.
Este es nuestro proyecto: un espacio que combina diseño, tradición y sostenibilidad para que te sientas en casa desde el primer minuto.
Viajar con sentido
Para nosotros, la sostenibilidad no es una moda: es la base del proyecto. Durante la rehabilitación reutilizamos materiales originales, trabajamos con artesanos del territorio y apostamos por sistemas que reducen el consumo energético sin renunciar al confort.
Creemos en un turismo tranquilo, respetuoso y conectado con el entorno. Queremos que tu estancia sea agradable para ti… y para Sarrión.
Sarrión
tierra de temperatura fría
Casa Martín está ubicada en un territorio único, rodeado de naturaleza, rutas, gastronomía y cultura.
Un lugar perfecto para desconectar en pareja, viajar en familia o descubrir la capital mundial de la trufa negra. Sarrión, nombre que en lengua antigua significaba “tierra de temperatura fría”.
Planes destacados
- Senderos y rutas de montaña
- Pueblos medievales: Mora, Rubielos, Teruel…
- Tierra de trufas para disfrutarlas con la vista, el olfato y el gusto.
Historia
de Martín
Martín nació en el 34, “en plena guerra”, como le gustaba decir, porque él medía el tiempo a su manera. No era un hombre muy alto, pero sí vivo, jovial y alegre. Pasó toda su vida en Sarrión y aquí, en su pueblo, levantó con sus propias manos la casa que hoy renueva su historia.
Nunca tuvo esposa ni hijos, pero su hogar nunca estuvo vacío: amigos, vecinos y familiares pasaban largos ratos en aquellas estancias que él cuidaba con un esmero casi artesano.
Su casa siempre estaba impecable; a manitas no le ganaba nadie. Cada año encalaba las paredes para que lucieran blancas —todavía quedan vasijas con restos de cal— y revisaba cada rincón antes de que nadie pudiera darse cuenta de que algo necesitaba arreglo.
Vivía con sencillez. No compraba más de la cuenta y los modernos electrodomésticos tardaron en convencerle. Para él, la comida se conservaba mejor en el fresco de la bodega. En el granero guardaba trigo, almendras y antiguos aperos de labranza, testigos de una vida ligada al campo. Conocía las temporadas, la tierra y también a los forasteros que llegaban a Sarrión en busca de trufa: no había secreto que se le escapara.
Pronto aprendió qué era ese hongo y cómo encontrarlo. Aquel “oro negro” le dio algún ingreso extra, y siempre tenía un tarro de trufa en coñac en la alacena: “viene bien para un buen guiso”, decía.
Puede que Martín sea un hombre imaginario, o puede que existiera en parte.
Sea como sea, esta es su casa. Y hoy queremos que también sea la tuya.
¿Te vienes a Sarrión?
Te esperamos con una casa cuidada, un pueblo lleno de vida y un entorno que invita a parar.